Fernando Martínez: Migrar del arte público al privado - BuhoWeb.com

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El quehacer artístico -ese que mencionan como “la cultura”- no está libre de las transformaciones en el escenario económico. Cuando nos referimos a nuestra cultura, a las distintas expresiones artísticas que disfrutamos, siempre se plantea la duda de quién la sostiene y por cuáles razones. Fuera de criterios estéticos y espirituales, algunas de las principales razones o condiciones para “sostenerlas” podrían ser:

  • Ser objeto de consumo suficiente.
  • Gozar de interés público.
  • Aportar valores positivos a la sociedad.

Evidentemente, existe una síntesis entre lo que ya interesa o gusta en el mercado (la historia de la manifestación en cuestión) y qué tanto podemos hacer para que guste, mediante patrocinios y medios de comunicación. Sin embargo, en una economía que ha dependido de las divisas controladas derivadas del petróleo en manos del Estado, en muchos casos, no existe un consumo real de productos culturales sino una suerte de subvención exagerada de nuestro “patrimonio”. Por ende, el público se diluye, no hay interés público medible, no existe un sistema de consumo o taquilla sustentable, ni mucho menos empresa privada que compita por sostener tal o cual trabajo artístico, por más que este aporte a la espiritualidad colectiva.

Este es el caso de Venezuela. En tiempos cuando la cultura parece ser una palabra sagrada, quasi tántrica, que debemos gozar y poseer cada uno de los habitantes de nuestra nación, los artistas aprecian cómo ese sistema de control económico y subsidio del Estado se viene abajo, y se ven en la necesidad de emprender y tocar puertas en la olvidada empresa privada, esa maluca que pide pagar por todo y, cómo no, la que tiene el precio por los cielos porque hay un mercado aplastado. Esa cultura, que en principio podría ser diversa y coproducida entre los ciudadanos, el Estado y la empresa privada, no parece tan popular, aunque su origen esté en la gente, debido a que los artistas, en esta coyuntura, optan por mantener un respetable nivel de vida.

Por lo tanto, nos encontramos con el fenómeno del artista anteriormente pagado en exceso por el Gobierno –eso sí, apoyándolo o pareciendo apolítico- y que ahora toma partido porque le paga el privado y no tiene nada que perder con opinar a favor o en contra. El famoso “arpa, cuatro y maraca” -ese que tiene trayectoria- si no puede estar enchufado, se presentará en costosos escenarios para poder comer, mientras pasa la tempestad y exista un sistema de mercado más libre y equilibrado. Y como dice el dicho: “Nadie cuidará más algo que quien lo pagó”.

Fernando Martínez.

@ferchomr90

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