Sobre lobos solitarios y el asedio al ISIS - BuhoWeb.com
Estado Islamico ISIS

La expresión lobo solitario define a sujetos que atacan por su cuenta blancos que ellos mismos eligen y usando los medios precarios o sofisticados que puedan obtener. No suelen tener lazos directos con las organizaciones terroristas que reivindican pero se inspiran en ellas. Esa característica los convierte en el peor formato de la violencia fundamentalista porque, aunque dejan pistas, es casi imposible detectarlos y neutralizarlos. Simplemente están ahí hasta que deciden actuar.

Esta legión de asesinos potenciales durmientes la conforman tanto lúmpenes con antecedentes carcelarios como fanáticos y frustrados de toda laya. Así ha sido con los hermanos que atacaron la redacción de Charlie Hebdo en París en 2015; delirantes como el matrimonio que masacró a 14 personas en un centro de rehabilitación en San Bernardino, California, en diciembre pasado; o, como todo parece indicarlo, el autor de la masacre en Orlando que conmueve al mundo en estas horas. Todos enarbolaron el nombre del ISIS para justificar sus acciones, aunque luego se determinó que no eran comandos enviados por esa banda ni partes de una cadena de mando.

Ese califato se ha convertido en el mayor motivador contemporáneo de los atacantes solitarios, como antes lo fue Al Qaeda. El éxito militar de la banda que controla partes de Irak y de Siria le valió una fuerte corriente de admiradores en las barriadas pobres europeas y del resto de Occidente. Esos fanáticos son la respuesta más envenenada a una frustración social creciente entre los descendientes de inmigrantes del mundo musulmán. El grupo terrorista apuesta a esa retaguardia cuando convoca por las redes y con sus comunicados a lanzarse a entregar la vida en ataques contra objetivos occidentales. Poco antes de iniciarse el actual mes sagrado del Ramadam, el vocero de la banda, Abu Muhammad al-Adnani, repitió con especial énfasis esa convocatoria de muerte y destrucción. Pero no es sólo por eso que el criminal atentado de Orlando no debería sorprender. Los analistas que siguen en detalle la evolución del grupo terrorista, han advertido sobre una oleada previsible de sangrientos eventos, especialmente de este lado del mundo. La motivación es la reversión del escenario en la zona de influencia del Califato que está sufriendo fuertes golpes militares y posiblemente pierda en el corto plazo alguna de sus dos capitales, Raqqa en Siria o Mosul en Irak. Eso no reduce aún su capacidad de daño. Fawaz Gerges, profesor de Oriente Medio en la London School of Economics y uno de los mayores especialistas en la banda, sostiene que el ISIS está cada vez más limitado a atacar blancos duros, pero no los blandos. Los primeros son bases militares o centros protegidos como sedes de gobiernos. Los segundos son escuelas, tiendas, galerías comerciales o sitios de entretenimiento como el boliche de Orlando.

La amenaza irá en crecimiento en tanto se agudice la crisis de supervivencia del Califato. Los reveses de la banda, después de su enorme crecimiento los dos últimos años, están asociados a que muchos de sus aliados regionales, se han apartado. El ISIS es un ejército mercenario útil a intereses concretos de la guerra fría que han venido librando Irán y Arabia Saudita. Pero tras el deshielo de la Casa Blanca con Teherán y los acuerdos entre la potencia persa, Rusia y EE.UU. sobre el futuro de Siria, el escenario en la región se trastocó. La ofensiva en Irak y Siria, donde confluyen en el mismo bando ejércitos regulares, milicias iraníes y de Hezbollah con soldados norteamericanos y combatientes kurdos, indica la profundidad de esa mutación. El gran mérito de derribar al grupo, es que fulmina la motivación que da vida a estos lobos solitarios. La mala noticia, es que la desaparición eventual de ISIS no será la del terrorismo en tanto no varíen las condiciones que hacen posible este colosal desafío.

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