Víctor Tang: Sobre la hija de Karina - BuhoWeb.com

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Una perspectiva epistemológicamente errada.

Múltiples han sido las controversias que han circulado respecto al tema del “cambio del sexo” de Hannah, la hija de Karina. Resulta vital destacar para el lector de este artículo que el mismo no posee un fin moral; por lo que no se establecerán juicios de correcto o incorrecto, bueno o malo a lo largo del mismo. A lo largo del mismo se presentarán una serie de argumentos y contraargumentos los cuales permitirán a cada uno realizar juicios personales y únicos.

La preferencia sexual y la identidad de género son términos que suelen verse indiscriminados entre sí ocasionando que ocurran una serie de tergiversaciones de los mismos, cuando realmente poco es lo que se solapa el uno con el otro. El primero de estos términos hace referencia a la necesidad de vinculación humana y a la preferencia que puede tener un individuo por vincularse con personas de uno u otro sexo en particular. Mientras que la identidad de género, por otro lado, hace referencia al sentido de pertenencia que posee un individuo hacia las categorías sociales y tareas predeterminadas que ejerce uno u otro género. Cuando hablamos de una persona transgénero, se hace alusión a un individuo cuya identidad de género no corresponde con su sexo natal.

La polémica que más ha calado a lo largo de las distintas redes sociales, ha sido la referente a la edad de Hannah, muchas publicaciones hacen alusión a que los 11 años de edad resultan una edad muy temprana para tomar una decisión tan definitoria como el cambio de sexo. Y quizá sea esto cierto, verídicamente, no lo sé; cierto es que la adolescencia es reconocida por ser una etapa de múltiples transiciones, de experimentación y confusión, e incluso es considerada por algunos psicólogos teóricos de la personalidad como la etapa fundamental sobre la cual se alzan vigas para los elementos más definitorios de la personalidad. Sin embargo, algunos psicólogos han incurrido en el error profesional de categorizar al mismo como un Trastorno de Género, siendo este un término que actualmente se ve en desuso debido a que esta temática no se aborda desde una perspectiva patológica.

Por otro lado,  múltiples teorías de la personalidad (enfatizando en las psicoanalítica) hacen alusión a que las características más definitorias de la personalidad, lo que se conoce como la estructura de la personalidad, están definidas mucho antes de los 11 años, junto a estas características se encuentra la identidad de género. Estos teóricos consideran que la estimulación que recibe el infante en sus primeros años de vida, junto a un componente innato que viene dado por los genes biológicos y evolutivos, sentarán el mayor precedente en el niño, concluyendo entonces que difícilmente la decisión tomada por la familia de Hannah sea errónea. Aunado a estas críticas, Karina clarificó que el mismo no es un proceso de cambio de género tan abrupto como puede haber sido pintado en distintos medios, sino que el mismo consiste en un proceso de inhibición del desarrollo de los carácteres femeninos de Hannah mediante terapia hormonal, por lo cual el mismo resulta relativamente reversible.

Algunas investigaciones concluyeron que los individuos transgénero suelen verse sometidos a altos índices de ansiedad y depresión. Sin embargo, un reciente estudio realizado en la universidad de Washington, ultimó que los niños cuyo proceso transgénero fue apoyado por sus familiares (, es decir, fue socialmente aceptado), no diferían del resto de los niños de su edad en los índices de ansiedad y depresión. Además de esto, se vio un diferencia sumamente notable en los índices de ansiedad y depresión entre los niños quienes se identificaban con el género opuesto y vivían de acuerdo a su sexo biológico, y aquellos niños transgénero cuyo proceso fue socialmente aceptado, teniendo estos últimos índices notablemente inferiores.

Finalmente, tras considerar las distintas opiniones y debates, los cuales tuve el placer de presenciar e incluso de ser partícipe, se me hace más que un deber instar al respeto. Quizá dirigido por esta frase cliché, la cual nos acompañó a muchos a lo largo de nuestra infancia, “vive y deja vivir”, aunque debo reconocer que considero a la misma un pésimo referente para concluir esta temática. Sin embargo, el presente artículo busca fungir como una herramienta de reflexión que permita considerar perspectivas opuestas; pero ciertamente, busca también ser un ente generador de respeto, en palabras de una colega, “se trata de respeto y aceptación, respetar la decisión de un niño que no se siente cómodo en su propio cuerpo; y aceptar la decisión de una madre de ser incondicional, de apoyar a su hijo en este nuevo camino”. Gracias a todo esto, creo que ambos, esperamos que aquella persona quien se dispuso a tomar unos minutos y leer este artículo comprenda que ahora el nombre de esta personita de 11 años de edad, ahora es Xander.

Victor Tang Campins.

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