Carlos Luna: Dilma en la cuerda floja - BuhoWeb.com
Dilma Russeff, Brasil

“El Impeachment” en Brasil y la Geopolítica Regional

Brasil en el Ojo del Huracán. Finalmente en el día de ayer, domingo 17 de abril de 2016, todos los medios de comunicación social se hacían eco de que la Cámara Federal de Diputados de Brasil aprobó con 367 votos a favor de 513 posibles, el informe para abrir un Juicio Político a Dilma Rousseff, que ahora deberá ir a la Cámara del Senado para su ratificación. ¿Cuál es el delito? Tal y como reza el informe presentado en la cámara de Diputados, es “haber movilizado dinero de los bancos públicos para maquillar el déficit fiscal existente en el país carioca”.

De resultar aprobado el Juicio Político, o “Impeachment”, Dilma tendría que abandonar el cargo por 180 días, dejando la primera magistratura nacional en manos del Vicepresidente, Michel Temer, del otrora partido político aliado de Dilma, el PMDB, para de este modo permitir el buen desenvolvimiento de las investigaciones.

Esto sin duda es un fuerte golpe a la hegemonía mostrada, no solo por el Partido de los Trabajadores (PT) desde que el padrino político de Dilma llegara al poder, es decir, Luiz Inacio Lula Da Silva, sino también por la preponderancia de las ideas del “Foro de Sao Paulo” en América Latina; que ha alimentado ideológica y estratégicamente los gobiernos de la Revolución Bolivariana en Venezuela, de Evo Morales en Bolivia, de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, de Rafael Correa en Ecuador, de Fernando Lugo en Paraguay, Daniel Ortega en Nicaragua, entre muchos otros, cosa que construyó el famoso “Giro a la Izquierda en América Latina”.

A diferencia de lo que sucede en Venezuela luego de las elecciones parlamentarias del 6 de Diciembre de 2015; en Brasil todo pareciera originarse  producto de la institucionalidad del Estado Brasilero que aún mantiene un “Control y Equilibrio de Poderes”, elemento clave para el funcionamiento de cualquier Democracia Moderna, donde tanto el Parlamento como la Cancillería (Palacio de Itamaraty), siguen gozando de una autonomía frente al Poder Ejecutivo, de donde emanan las iniciativas de enjuiciamiento a la Presidenta. Por su parte, y muy a pesar de que muchos de los magistrados del Tribunal Supremo Federal de Brasil fueron nombrados por Rousseff, los mismos no han mostrado oposición al proceso de investigación, con lo cual se observa autonomía de poderes; mientras que a nivel internacional la presión es escasa, y la posición de organismos como la OEA y UNASUR es de preocupación, frente a lo que Dilma Rousseff ha considerado “Un Golpe de Estado Político”.

Sin embargo, y a pesar de que algunos analistas políticos han querido comparar lo que sucede en Brasil con lo que pasa en Venezuela, estableciendo paralelismos; es importante decir que en Venezuela, producto de la debilidad institucional, la transformación de las estructuras del Estado por medio del proceso constituyente de 1999 y luego de 17 años de ejercicio continuado del poder, no hay equilibrios ni control de poderes sobre el Ejecutivo lo cual merma la capacidad política del Poder Legislativo que ha fomentado el conflicto de poderes actual, y ha impedido la organización tanto de élites como de movimientos sociales populares bien estructurados –y que ahora se fragmentan y desmovilizan por la grave situación económica, alimentaria y de medicinas que obliga a los venezolanos, más que a manifestar en contra del gobierno de Maduro; a hacer colas para satisfacer sus necesidades básicas-. De resto, lo que golpea al gobierno venezolano es la “Presión Internacional dado sus bajos estándares de Calidad Democrática lo cual lo convierte en una “Autocracia Competitiva”.

Mientras tanto, en Brasil aun cuando el PT lleva a cabo manifestaciones, como la vista ayer en Sao Paulo, 60% de los Brasileros está de acuerdo con la salida de Dilma del Poder, lo cual, junto con la inminencia de la realización de los Juegos Olímpicos de Río en ya casi 100 días, exigirá un apoyo internacional que facilite los procesos y fomente la paz social en Brasil para de esa forma llevar a cabo las olimpiadas, donde no solo es la política la que está inmiscuida, sino inversiones, publicidad, medios de comunicación y a fin de cuentas, la proyección de todo un país, considerado “Emergente” a nivel internacional.

Lo que si podemos advertir y confirmar una vez más son dos cosas:

  • América Latina se encuentra en un proceso de transformación política que tiene diversas manifestaciones e “Intensidades”, donde vemos procesos más institucionalizados en algunos casos, o más conflictivos en otros, y donde la variable determinante es el arraigo del Populismo/Personalismo vs la fortaleza de las instituciones como mecanismos de control en esos países.
  • La transición no está por venir, “ya nos encontramos en transición” y como diría James Rosenau, “en pleno proceso de Turbulencia” producto de los efectos de esa transición. Parece quedar claro que lo que escribimos en alguna ocasión sobre la “Des-Ideologización” de América Latina es una realidad cada vez más concreta.

De allí a que sea importante recordar y reflexionar sobre el hecho de que nuestro continente viene de una década (1999-2010) marcada por el ascenso de gobiernos de corte izquierdistas / progresistas cuyo factor común ha sido sin duda, hacer énfasis en la visualización y sucesiva atención de las grandes mayorías desposeídas y sumidas en la pobreza, y tratar de desarrollar estrategias y políticas asistencialistas dirigidas a la distribución equitativa de la riqueza para cerrar la brecha entre ricos y pobres, y por ende, generar una sociedad más justa e igualitaria.

Empero, la “Era Post-Ideológica” en América Latina, es un proceso impulsado desde las clases medias latinoamericanas, aquellas olvidadas por la izquierda al considerarlas también como “Oligarcas”, cuando al contrario, han sido producto de la movilidad social fomentadas por las Políticas Públicas diseñadas otrora.

Ellos, -la clase media-, hoy exige, a través de una visión consciente de la realidad continental, Políticas distributivas  sí, que generen bienestar, y haya una distribución más justa del ingreso para romper con dinámicas como la de las “Trampas de la Pobreza” pero que al mismo tiempo, se trabaje en pos del Progreso Económico y Material, que solo es a través de un aparato productivo pujante, activo en cuanto a la producción nacional para poder competir en el marco cada vez más exigente de la Globalización.

Finalmente, pero no menos importante, en la Triada Post-Ideológica de América Latina, todo este proceso “Armónico” entre PRODUCCION-DISTRIBUCION, solo puede ser sustentable en el tiempo en el marco de un Sistema Democrático y de Libertades tanto individuales y colectivas, con un ciudadano corresponsable y activo en la contraloría de un Pacto social que sea con visión incluyente de Estado, y no un plan para favorecer solo a una parte de la población. Este Pacto Social que sea una gran Zona de Acuerdo Posible, es la única vía para garantizar Paz Social, Desarrollo y Bienestar.

Así, en América Latina, estamos quizás, ante la inminente llegada de una “Era Post-Ideológica” signada por gobiernos “Pragmáticos”, que hagan menos énfasis en los dogmas derivados de las nomenclaturas de Izquierdas y Derechas –propios de la Guerra Fría que ya quedó atrás-, y trabajen más enfocados en la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, en términos de Políticas Públicas, para poder afrontar de mejor manera, el juicio de unos ciudadanos electores, cada día más conscientes del mundo que los rodea, y que juzgan, premian y castigan, no a través de las armas, sino a través de los votos.

Ahora solo queda ver que sigue pasando en nuestra turbulenta América Latina: Venezuela, Perú, ahora Brasil… Una América Latina que sigue buscándose a sí misma, y su sendero para ser más libre, prospera, pueda vivir en Paz y con Bienestar a través de la equidad.

Carlos Luna.

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